Estaba dispuesto a salir a caminar pero, no se porqué me senté a escribir un momento, me asaltó de pronto el deseo de poner en negro en mi blog Escribidor sencillo unas cuantas palabras que tradujeran lo mejor posible ese montón de pensamientos atropellados que se han subido a mi memoria, casi todos recuerdos, casi todo pasado; que curioso, ningún recuerdo del futuro. Veo la puerta ancha del taller de Ramiro en la esquina de la calle Ica, en Piura. Hace tiempo, mucho tiempo. Yo era mejor, creo que mejor. Sonrreía mucho, más que ahora creo. Pero soy igualmente feliz.

Ese día no estaba él, solo su ayudante, me dijo que estaba en el café. Me pasé a la vereda opuesta y al pasar frente al lugar, ví que en su mesa habían varias personas y, disimuladamente también seguí mi camino, no estaba con el ánimo dispuesto a hablar de los temas que solía conversar ese grupo. Hasta ahora luego de tantos años no se me ha espantado la buena pero rara costumbre de buscar la compañía de álguien para permanecer la mayor parte del tiempo sin pronunciar una palabra. Sí. así es, en la misma mesa, hablando poco o casi nada, o nada. Que bueno es eso, él era especial para comunicarse en silencio, no solamente palabras. Se habla demasiado en los cafés, en realidad se han hecho para hablar, no para tomar café.

Que léjos viaja el pensamiento, recuerdo hasta el color de los carros que se estacionaban en ese lugar. Calor, mucho calor. Luego por la avenuida Grau, retornaba a mi oficina de la emisora radial. Olvidé el café. Ya no tomo café hace muchos años. Todos vamos dejando en la cuneta hábitos, costumbre, querencias y las cambiamos por otras, no siempre mejores, pero no es el caso.

Llegando a mi oficina observé luz en la oficina de mi papá, entré por la puerta principal del banco, muchos empleados, saludos, gestos, Ramos, Zalazar, Lonsoy. ¿Esta solo? pregunté a su secretaria. No, escuché. Solo déjale mis saludos y salí.

Lo mejor que se puede decir de un hombre, se tiene que decir de él. Era un hombre bueno, que más se puede decir. Hace tantos años, él tenía siempre las ventanas abiertas. Siempre.

La vida tiene ventanas, no sabías, déjalas abiertas. Siempre. No tengas temor, no te preocupes que a nadie le intresa robarse el espíritu, el alma no tiene reducidores que inviten a los ladrones. No las cierres nunca, no te pierdas de vivir plenamente, porque eso es la vida…

Ahora me voy a caminar.

HBJ.