A las 7.23 am me sentí como Dios, largo rato

Había terminado de afeitarme, luego del baño diario. Hoy jueves, y camino al patio para colgarla toalla en esos sistemas levadizos que son en verdad muy prácticos, noto en el piso de madera de dos solitarios bichitos como esos chanchitos, pero estos eran más alargaditos.   Me detengo, sigo su lento caminar, estaría con una distancia de 50 centímetros el uno del otro.   Me arrodillo, mi cuello sostiene la toalla húmeda y pienso donde van, ¿están perdidos acaso? O son dos viajeros sin caravana en busca de una aventura por lugares extraños.   De pronto aparece mi esposa y por cierto me ve casi sentado en el suelo y siguiendo atento con mi mirada a estos dos habitantes de este mundo cruel y cada vez más despiadado y sanguinario.   ¡Ya sé! Me dice, he estado ayer en la tarde removiendo la tierra de mis plantas en la jardinera de la ventana de la sala y tienen que venir de allí.

Están lejos de la jardinera, han viajado en la noche.   ¿Quién sabrá si están extraviados? ¿Serán hembra y macho? ¿Una parejita? No sé pero quisiera tener esa certeza, pero es imposible, al menos para mí aquí y ahora.   Ya se acercan a la esquina de la salita de estar.

Voy a traer un papel me dice mi esposa, pero no les hagas daño le pido, ayúdame tú también a sentirnos como Dios.   Deja el papel ese por favor, no hagamos que no apresuren su andar, parece que están a ritmo de caminata placentera.   Míralos o míralos como desees, déjalas que completen las enormes planicies y cuestas que aún tienen por caminar.   Sintámonos como Dios contemplando sus criaturas un rato más. Por donde andarán ahora esos animalitos.

Esta visión maravillosa nos hará casi olvidar esa horrible visión de ayer en la noche en que unos hombres de negro arrojaron desde las alturas de un edificio a otro hombre, que cayó al pavimento moribundo y una multitud de bestias humanas poseídas por instintos demoníacos lo esperaban abajo en el suelo para terminar de matarlo a pedradas…

El grito de Jesús crucificado, resonó ayer desde el 7 de abril del año 30.   Otra vez ese grito fuerte y hondo lo escuche ayer nuevamente.   Ese grito lo sentí hoy como un taladro en mis oídos por todos los crucificados de esta tierra.   Como ese hombre de anoche que murió en nombre de ese su dios.

Perdón Señor, perdón.

Hoy a las 7 y 23 me he sentido Dios…y a pesar de eso tengo una sensación extraña, helada, desagradable.   Como si la raza humana fuera humillada, una y otra vez.

HBJ.

 

 

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015

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