Carta a Franca…

26/01/2017
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Apreciada Franca, como estás:

Sabes querida amiga, que te hecho esta pregunta de ¿cómo estás? a propósito, porque ni tú ni yo, tenemos motivos para no estar bien; tú con tu enfermedad y yo ya recuperado de lo que pasé.

Estamos bien, lo que seguramente pasa es que no sabemos apreciar todo lo que tenemos y somos.

Te escribo estas líneas porque te quiero mucho, igual como quise a tu esposo Giorgio, fue para mi un gran placer haberlo conocido aquí, cuando llegué a Radioprogramas y a través de él, llegamos hasta ti. Hay momentos en que me parece verlo y charlamos, igual con todos los que quise y me quisieron; que somos, si no estamos en la memoria de los que nos quieren bien.

Siempre me ha gustado la gente que tiene el cerebro lleno de ilusión y, yo soy también un hombre con un convencimiento pleno de que nuestro cerebro para nunca degenerar, tiene que estar activo y sobre todo con ilusión por el mañana, por la vida y lo que viene luego.

Tengo una teoría y, en breves líneas te la voy a contar:

Si vivo sobre este mundo75 años, el promedio de vida de la gente, habré vivido 3,900 sábados, a mi gusta mucho el sábado, creo que es el mejor día de la semana. Hace casi un año ya tenía 71 años de edad, hoy tengo 72 y casi 6 meses; en ese momento salí a buscar una tienda donde comprar 1,000 bolitas de cristal o canicas como se les llama, encontré una bodega en la Av. Petit Thouars cuya dueña, una mujer simpática y alegre, de nombre Elena Zurita, me dijo que sí, por supuesto que tengo canicas me dijo, y me mostró una bolsa de red con 50 bolitas.

¿Cuántas desea?

Preguntó…

Quiero mil, le dije.

Me miró fijamente y me dijo ¡Mil!,

Sí, mil. Le contesté…

Pues para el lunes se las tengo.

Bien señora, el lunes regreso, y me fui.

El lunes en la tarde a eso de las 5 de la tarde, fui donde Elena…apenas me vio dijo con alegría.

¡Se las tengo!, y me subió de tras del mostrador varias bolsas con bolitas de todos los tamaños y colores, jamás pensé que pesaran tanto y tuvieran tanto volumen estas mil canicas, entre cholones y lecheras, como se les dice.

¿Para que tantas bolitas? me dijo la señora Zurita.

Para vivir feliz muchos sábados más, le contesté.

Cuando llegué a casa, me puse a contarlas y en efecto eran mil, estaban completas, lo único que me faltaba era vivirlas, cada bolita representaba un sábado, mi día preferido.

Así que tenía el reto de vivir desde ese momento en adelante mil sábados, lo que me llevaría a tener una edad de 90 años y 3 meses.

Esto es exactamente lo que hacen dos niños que uno junto al otro se sientan a comer su dulce favorito, cada uno le mira el plato al otro para ver a quien de ellos es que le queda la última cucharadita.

Conforme se va acabando el manjar, lo degustan y saborean más y más despacito, y así hasta el final.

Las puse en un frasco grande y cada sábado cuando me levanto, saco una bolita del pomo y la meto en mi bolsillo, al final del día, la pongo en otro lugar o la doy, cualquier niño te acepta una bolita.

Tu voz mí querida amiga siempre fue la voz de una mujer ilusionada. La reunión de tus 90 años fue un ejemplo para todos, justo en esa reunión le conté mi teoría al doctor Mariano Querol con quién compartíamos la mesa, le agrado mucho, sonreímos un rato muy agradablemente.

Mi ilusión por la vida ya sea aquí en este mundo o en ese otro lugar que la “presencia invisible” me tiene y nos tiene reservado, es tal, que estoy seguro que hasta el día de mi muerte será uno de los mejores momentos de mi vida.

Y yo quiero que lo sea también para ti, somos eternos Franca, viviremos para siempre…

Uno de estos días iré a verte, cuídate mucho, hay mucha gente que te ama.

No pierdas la ilusión…

Como siempre   Hernán.

HBJ. escribidor sencillo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015

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