Mónica Stéfano…

31/08/2017
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……dí que nunca, nunca me vas a dejar,

……..jamás te abandonare.

Pero llegó la hora de tu partida,

Recordaba tu valentía y hazañas en el trapecio,

Te llamaba, pero tu no respondías mis ruegos,

Lloré, pero no te conmovieron mis lágrimas.

Los recuerdos me reducían a escombros,

Llamándote, llamaba a mi juventud,

Envuelto dolorosamente en tu capa negra,

Te tragó la noche húmeda y gris de Mollendo.

Los circos armaban sus carpas en la Calle de las Huertas, que se abre y ensancha, los medianos iban a la altura de la Villa Corzo, que era el centro de gravedad, los circos grandes más arriba; la llegada de un circo era un gran acontecimiento, venían entre otros: el circo Morales, el Capitán Paz, Pitty Fray, Monterrey, Valderrama, El Imperial, Acapulco, etc. Los paseos por las calles anunciando su debut, precedidos por la banda de músicos tenían generalmente el siguiente orden: los artistas en traje de carácter, los gigantes con zancos, los payasos y tonys, los animales si eran circos grandes con sus domadores, y cerrando el desfile medio Mollendo como parte activa del mismo; los circos inquietaban a todos, especialmente a los niños, para quienes había funciones especiales a costos reducidos y las últimas presentaciones eran con gancho, los programas llenaban la ciudad y los voluntarios para el reparto aseguraban su entrada, lo mismo los que suministraban los perros para las fieras.

Entre los circos de primera, con dos pistas, que se trasladaban en barco, vino el Royal Dumbar Circus, con un gran elenco y muchos animales, y el circo alemán Jack Blunder, con un plantel de trapecistas de fama mundial, que con ropa fosforescente hacían sus pruebas en la oscuridad, y con una formidable orquesta.

Permanecían en promedio una semana, y los artistas se hacían amigos de todos y eran seguidos y admirados en calles, plazas y restaurantes, entre los más populares estaba el fakir Oliver, un hombre viejo, flaco y narigón, al igual que el tony Rulito, que iniciaba su presentación ante el culto público de Mollendo, diciendo que con el respeto que cada uno de ustedes se merece, no conocía pueblo más inteligente,… …….porque se estaban comiendo todos los burros. El fakir en sus actuaciones tomaba querosene y gasolina para echar fuego, de modo que no tenía sensibilidad para diferenciar un “taco” de aguardiente que le servían en el Tigre Bar, con un refresco del “flaco” Saavedra, el Tigre se veía muy concurrido con el tremendo jale y simpatía del enano Rulito, que tenía mucho “caché” con las mujeres. La contorsionista rusa Olga Surkova del circo Atayde, causó remezón en el ambiente social de la década de los cincuenta, hermosa mujer, se llegaron a trompear por ella; en el circo Pity Fray, la atracción era el payaso Frejolito, que también tenía un número en el trapecio, sin malla de protección, no se sabe si por falta de medios económicos o porque el objetivo era hacer añicos los nervios del respetable.

Jaime, ya había venido a Mollendo en otras oportunidades, primero en el circo “El Imperial”, de sus padres: Juan Stefano Stankovich y Stana Rosadovich Yovanovich, zíngaros que llegaron a América, provenientes del Reino de los Servios Croatas y Eslovenos a finales de la década de los ’20. Esta vez en noviembre del 55, “la vez que después del primer beso comprobaron que era el mismo y dulce idioma con que hablaban y palpitaban sus corazones”, vino en “El Acapulco”, circo que formó su madre con el empresario mexicano Ángel Guerrero, después de la muerte del padre de Jaime.

Noviembre, mes de las “guaguas”. Mónica en compañía de unas amigas de su clase del tercero de media del Colegio Nacional, compraron una guagua con careta verde y roja en la pastelería Leguía y la llevaron al “Acapulco” para hacer comadre a Isabel Stefano, la hermana de Jaime aceptó con gusto en su camerino, solo indicó: …. “levanta el ruedo”, era para invitar a Jaime al bautizo, Mónica que había quedado rezagada se encargó de levantar el ruedo de la carpa principal,…..y ahí empezó todo, ……una sencilla emboscada más del destino, con la complicidad del amor. Luego del primer encuentro, y después de poner orden en su corazón, le dijo que sí y fue el inicio de un amor febril que aún no ha concluido, siguieron viéndose en secreto, Jaime se las ingenió y “levantó un muro para que nunca lo pueda saltar el pueblo” y volvió cuantas veces el Acapulco estuvo cerca del puerto, hasta que finalmente el 10 de abril, el Dr. Moisés y Carlota Torres Gonzales y todo Mollendo que nunca ha sido un pueblo que supo guardar secretos, mucho menos aquellos revestidos por la comidilla de la frivolidad, se enteraron que el día anterior Mónica “se había fugado”.

Lo tenían bien planeado, alcanzaron al circo en la ciudad de Mala, Mónica fue recibida con mucho afecto por el clan Stefano y con unas palabras de bienvenida que jamás olvidará:…. ésta es tu nueva familia, pobres no somos, somos unos ricos sin plata, que no es igual. Paralelamente los desconsolados padres en Mollendo, pusieron una denuncia de búsqueda a una menor de edad raptada, que además del territorio nacional se extendió a Bolivia y Chile, para traerla en el término de la distancia desde donde esté y como esté. La denuncia tuvo efecto el 26 de abril, los dos fueron traídos a Mollendo, pero no hubo forma de convencer a Mónica para que desista de un matrimonio, que nadie auguraba que superaría los tres meses y, que solo pudo llevarse a cabo cuando ella recurrió al artificio de confesar “que estaba sucedida”; en vano fueron las reflexiones del Dr. Torres Gonzales: ….mira Moniquita, los gitanos tienen un gran apego a la familia, a sus clanes, es una etnia extremadamente machista y, tratan a la mujer como un objeto, en poco tiempo te abandonara. De allí le venía a ella: ….dí que nunca, nunca me vas a dejar, ….para recibir siempre una enérgica y misma respuesta: ……..jamás te abandonare.

El 30 de abril de 1956, hubo un auxiliar que intento corregir a Don Abraham, que no se trataba de un nacimiento sino más bien de un matrimonio, pero fue tarde, él ya había preguntado por el nombre que debía registrar y nadie le contradijo que el equivalente en castellano de Janko, era Jaime. Don Abraham Uzátegui encargado de los registros de la Municipalidad de Mollendo era un “nacionalista” a ultranza, nunca asentó una partida con nombres de pila que sonaran extranjeros, cambió en discusiones que siempre ganó, los de Bessie por Beti y Dolly por Doris, por ejemplo; pero lo que no pudo cambiar Don Abraham, fueron los apellidos del novio: Stefano Rosadovich. Con solo 18 y 16 años el día de su matrimonio, Jaime y Mónica no le dieron importancia, por que sabían que solo era un simple formulismo, se miraron e hicieron un gesto, el primero de una larga e interminable serie que repetirían en su feliz vida de cuarentisiete años y siete meses juntos, comprendiendo en secreto cuanto amor esconden esos gestos, ……“solo tu y yo sabemos lo que ignora la gente”. Realmente ellos ya estaban casados quince días antes, bajo los ritos gitanos en Mala.

En el Acapulco, circo de los Stefano, trabajaba la familia colombiana de Ben Alí, con números de tragaespada, rodillo y baile; la familia mexicana de los España en el blondín, que era una cuerda elástica de equilibrio para juegos gimnásticos; la mexicana Juanita Lara fue un caso único, estuvo en el trapecio hasta los 70 años de edad; pero la máxima atracción eran los hermanos Stefano, Jaime ejecutaba arriesgadas pruebas acrobáticas en el trapecio, con el nombre artístico de “Águila Negra”, su valentía y hazañas eran a gran altura y sin malla de protección, el número lo hacía con la sola compañía de su capa negra, , demostrando gran habilidad física para guardar el equilibrio en sustentación tan incierta; otra prueba también de trapecistas eran “ Los Cuatro Diablos”, integrada por cuatro hermanos Stefano, aquí la estrella no era Jaime sino su hermana Isabel,”la fuerte”.

Mónica en cambio, no tenia aptitudes para artista, la preparaban en estricto privado en un fácil número de rola-rola, pero solo cuando después de encomendarse a la Virgen y darse el más fuerte de los porrazos, en su intento número trece , Stana y los cuatro hermanos Stefano, sobrinos de Ben Alí, gitanos legítimos, desistieron, asignándole labores administrativas, como venta de entradas, control de las localidades: palco, preferencia, platea y galería, finanzas, etc. Hasta que después de varios años recorriendo con el circo por todo el país y con varios hijos pequeños, se establecieron en Mollendo, donde Jaime se integró admirablemente a la vida portuaria y, también prestando valiosos servicios a la colectividad como bombero, donde alcanzó el grado de Teniente Brigadier.

Se quedó en Mollendo para siempre, hasta el día que murió de amor en sus brazos. Toda la vida, Mónica le reprochará su deslealtad de haberse muerto sin ella, ……….pero lo que entendería posteriormente, cuando puso nuevamente orden en su corazón, es que todo pasó, la juventud pasó, y que si Jaime falló a la palabra empeñada, fue solo porque en la última y mejor de sus piruetas, envuelto dolorosamente en su capa negra, se puso a salvo de la agonía de la vejez.

Alberto Montoya

HBJ.  ESCRIBIDOR SENCILLO.

 

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015

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