no se cuantas.

Una fila venía del jardín,

la otra del garaje.

Las dos se encontraban, dialogaban un instante y luego tomaban otra dirección.

Me arrodille al filo de la ventana por donde pasaba el cortejo.

Yo sabía que algo se decían.

Las del garaje celebraban un sepelio de una hormiga que murió viejita,

venían alegres.

Las otras estaban tristes,

llevaban a enterrar a una hormiguita joven.

La anciana ha beneficiado y se benefició,

la joven no tuvo tiempo.

Me lo contó secretamente la última hormiguita…

HBJ. de mi libro, “80 cuentos de cien palabras”