Envejecer… es todo un arte.

(1 de Octubre: Día Internacional de las Personas de Edad)

Aprender a detestar los espejos,
a embotellar los ojos,
a cicatrizar con arrugas los labios,
a crecer en manchas y pecas
manos, brazos y pechos….
Dejar que el reino de la invalidez
sea la monarquía del futuro….
Difícil destino de envejecer
con un espíritu habitado por la infancia,
donde se juega con hadas y princesas….
Un comercio ofrece en vano esconder años
y, a pesar de tantos esfuerzos y no menos costos,
los años no se transforman en días….
«¡Ya soy vieja! —proclamo a los vientos—.
Me cuesta subir gradas,
jadeo en las laderas,
me aburro espantosamente de mí misma,
mis perros me botan,
y se me quiebran las piernas,
sin remedio que alivie las quebraduras.»
En el alcance rotundo de la vejez,
se hinchan los pies y las encías,
se pierden los dientes y se nubla la vista.
Los postizos nunca se acomodan
a los llantos y a las risas,
y con ese prólogo se entra
a la soledad y al silencio….1

«Yo estoy en el “oficio de envejecer”; por eso escribí ese poema —comenta la autora costarricense Carmen Naranjo acerca de estos versos que forman parte de su obra titulada Oficio de oficios—. Y es un oficio muy lindo…. porque es una alegría sentir que el tiempo pasa, y que pasó dejando algunas cosas buenas, y que seguirá pasando dejando otras…. Sigo sembrando con esa alegría de las semillas que en cualquier lugar buscan florecer. Yo florezco ahorita entre tablas, lluvias, música, y me alegra todo. Me llena de alegría incluso ver mi decadencia en los espejos. Y no los tapo ni los escondo. Me encanta ver una arruguita por acá, y otra por allá, y saber que esas arruguitas son merecidas, que dejaron algo en el tiempo, y que tal vez dejen algo para el futuro…. Así es que envejecer, con un poco de luz, con sonrisa, es todo un arte.»2

Quiera Dios que los ancianos que escuchen ese comentario de Carmen Naranjo determinen, al igual que ella, afrontar con dignidad y entusiasmo los años postreros; y que quienes aún no hemos escalado hasta la cumbre de esa montaña del tiempo nos propongamos así mismo que se cumplan en nosotros las siguientes «Bienaventuranzas para los amigos de los ancianos» escritas en inglés por Esther Mary Walker y traducidas al español por el poeta cubano Luis Bernal Lumpuy:

Dichosos son los que comprenden
mi paso tambaleante y mi mano temblorosa.

Dichosos los que saben que ahora mis oídos
tienen que aguzarse para captar lo que ellos dicen.

Dichosos los que parecen darse cuenta
de que se nublan mis ojos y se debilita mi memoria.

Dichosos los que apartan de mí la mirada
al ver que derramo el café sobre la mesa.

Dichosos los que, con alegre sonrisa,
se detienen para conversar conmigo.

Dichosos quienes nunca me dicen:
«Ya me has contado esa historia varias veces.»

Dichosos los que saben recordarme
aquellos lindos tiempos del ayer olvidados.

Dichosos quienes me hacen saber
que me aman, me respetan y siempre me acompañan.

Dichosos quienes saben que ya no encuentro fácil
hallar la fuerza para llevar la cruz.

Dichosos quienes allanan el camino
de manera amorosa en mi viaje hacia el cielo.

Pues, como dijo Jesucristo en su quinta bienaventuranza: «Dichosos los compasivos, porque ellos serán tratados con compasión.»

HBJ. escribidor sencillo.

Hmno Rey.

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015

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