Relegado a la cuneta de la vida.

Cuando apareció por primera vez la noticia del hombre que andaba en bicicleta rondando a una jovencita y luego las noticias abundaron en demás detalles de la violación, secuestro y posterior asesinato y luego la incineración de sus restos de la joven en un costal blanco, me detuve a mirar fijamente a los ojos de este hombre. Lo hice en forma por demás detenida. Para ello me sirvió como gran aliado la repetición del reportaje en casi todos los medios. Miré sus ojos, su gesto, su mirada. Ya sus gestos pasaron de ser gestos a ser rictus y confieso que me entristecí hondamente. Y quiero decir algo en medio de esta sociedad, algo sobre los que no están: a esta sociedad que trata con desden al hombre, al niño, a la mujer. Y lo hace con tanto desden y olvido que también entre ellos comienza a crecer el desprecio, el irrespeto; tanto, que pasamos a ser solo un número, cada uno, solo un número, una tabla estadística más…y me pregunto: ¿Ganamos algo con encender fogatas en las esquinas? ¿Hubo alguna vez un termómetro sincero y certero? ¿Existió en la historia un orfanato sideral para el hombre?

Vi. en la mirada de este hombre, como si él viera y buscara en solitario la casa y no encontrara la puerta. Como si se preguntara si nuevamente esta noche, como todas, dormirá como todos y siempre en la cuneta de la vida. Me pregunto, ¿habrá tenido este hombre cuando niño un beso nocturno de su padre antes de quedarse dormido? ¿Habrá tenido una madre al lado del padre enseñándole valores? No hablo de parejas ocasionales o cambiantes, hablo de gentes a su lado que le den un buen ejemplo. Pobre sociedad nuestra, se cae en pedazos. Nuestro gobierno, nuestro estado, nuestras autoridades, nuestros policías, nuestros maestros, quedan aún algunos. Nuestras cárceles, nuestras postas médicas, nuestros colegios, nuestros hospitales de salud mental, nuestros albergues para ancianos, nuestras cunas maternales para dejar a nuestros niños pequeños al cuidado de gente profesional y formada.

¿Será que este hombre de la bicicleta se siente parte de una sociedad? ¿Alguna vez lo fue? ¿Nos hemos preguntado haciendo un real examen de conciencia, si el comportamiento y actitudes de nuestros propios hijos, son realmente los adecuados? ¿Sabemos siempre adonde van y que es lo que hacen cuando salen de nuestra casa? ¿Hay una hora y reglas de conducta impuestas? ¿Nosotros como padres seguimos también las reglas que imponemos? ¿Si pedimos que no fumen, fumamos nosotros? ¿Si exigimos que no beban licor, tampoco nosotros lo bebemos? La única lección valedera es el ejemplo personal, no hay otro.

Yo creo que la respuesta a todas estas interrogantes es un NO, rotundo no.

Ese hombre de la bicicleta de mirada asustada que busca desde hace años la puerta de entrada a un cobijo tibio, de un sitio mejor al que sus padres no lo acostumbraron. Habrá sentido alguna vez un abrazo caluroso y de acogida. Seguro que nunca lo sintió.

Sabemos acaso los peruanos que hay en nuestra tierra cientos de miles como él. Y si lo sabemos porque es que reaccionamos de la manera que hemos visto. ¿Despertamos del letargo que nos embrutece y bestializa, o es que no queremos aceptar que esa y no otra, es nuestra durísima realidad? Farsantes, eso es lo que somos. Tenemos que recurrir a la inquisición, la bastilla, la guillotina, todo lo capital, todo lo que no nos haga trabajar y pensar en como hacer que esta sociedad nuestra, sea mejor.

¡¡La farsa continuará si no hacemos algo desde ya!!

En mi constante ir y venir y entrar agachado y acurrucado entre letras, frases y preguntas, cierro los ojos. Los mismos ojos que vieron la mirada de este hombre que miraba a su propia sociedad con miedo, con pánico; y me dibujaron frente a mí una realidad que causa pena y espanto a la vez:

Aun quedan sonrisas en la cesta de los años, en los ajenos incisivos, entre las piedras de moler. Me abrirán el vientre y encontrarán amor. Verán el sol en mis noches de insomnio traicionero y en el frío invierno de mi carne habrá rastros de calor.

La calle acongojada de silencios. Fantasmales habitantes levitan por las frías cortinas, helados pájaros, árboles azules escarchados. Veredas pisoteadas de caravanas autómatas y vacías, limoneros cristalinos que permanecen borrachos. Se correrá el clamor entre las nevadas armaduras, el vaho de los resollantes no alcanzará a iluminar la vía. Éramos de almas coloridas, largas piernas hasta hoy, capas y más capas de cosméticos ya no sirven de nada. Se apagó el sol y con ello toda vida.

Me pregunto entonces otra vez: ¿Ganamos algo con encender fogatas en las esquinas? ¿Hubo alguna vez un termómetro sincero y certero? ¿Existió en la historia un orfanato sideral para el hombre?

Este hombre hasta que viva, mirará solitario, la casa y no encuentrará la puerta. Y se preguntará ¿dormiremos como todos esta noche también en la cuneta de la vida?  mientras tanto…

Dios seguirá manteniendo el infierno vacío, sin habitantes, porque su misericordia es infinita.

 HBJ. Escribidor sencillo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015

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