Hoy a media mañana conocí a Lucía…

09/03/2018
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No hay porqué quejarse de no haber conocido a alguien antes o un poco después, si aconteció así y ahora, es porque así debió ser.

Debo reconocer que fue un acontecimiento feliz, y eso me pone siempre bien porque, de estar feliz y ser feliz se trata la vida. Ella y yo somos mayores y para estar a tono con las tonterías de la modernidad, tendré que decir que pertenecemos a géneros diferentes, ella es mujer y yo soy hombre; así nos creó Dios, y a pesar del tiempo largo transcurrido en nuestras vidas, seguimos siendo igual al primigenio deseo divino.

Mi esposa desde hace mucho tiempo, me habló de ella a menudo. Hoy es viernes y al despedirse me dijo: quiero salir un poco más temprano para ver a Lucía, así de esta manera, viernes tras viernes, lo que me cuenta ella de Lucía, la fueron convirtiendo en un personaje famoso. Para mí.

Es muy fácil sentirse bien al lado de mi esposa, lo sentí así desde el primer día en que la tuve a la vista, allá por el 11 de febrero del carnaval piurano del año 1961. Ya cuando cruzamos las primeras palabras me fui sintiendo mejor cada vez, creo que ella también se sintió bien. Estoy seguro que me habría dicho que no, si algo le disgustaba. Es algo especial ella, somos grandes compañeros como dice la canción. Ella es una de las más bellas cosas que me ha sucedido en mi vida.

Los viernes ella sale a darles la comunión a personas mayores y que no pueden con facilidad o están imposibilitados de asistir a un oficio religioso, así se hizo a lo largo del tiempo, de muchos amigos. Puedo asegurar que todos la quieren, es muy agradable y singularmente sencilla, hoy precisamente me contaba qué, Lucía le decía que había salido al parque Roosevelt que queda al frente de su departamento – parque grande y bonito – y que había bastante gente que ni ellos mismos saben como se llaman, y habían regalos, papitas al hilo, saladitas. Pero que lamentablemente le han prohibido la sal, son bien ricas esas papitas. En ese momento interrumpí a mi esposa para decirle que seguro si puede comer esas láminas de camote que vienen en unos sobres. Mejor nada de comer, me dijo mi esposa. Agregué que mejor sería entonces para el próximo viernes mandarle con ella en su visita a Lucía, mis libros, lee periódico me contaste unas semanas atrás. Sé que le gustarán. “Rumbo al asombro”, cada vez que lo leo me gusta más, “Extraordinarias Circunstancias” con notas y épocas de mi vida, un ensayo interesante. También el cuento, “El sueño de Pokluss”.

Le gustará Lucía, “Una charla Inusual” hablar con Jesús en el malecón de La Punta no es una cosa común. Y “80 cuentos de 100 palabras” ni una más, ni una menos.

Estoy seguro que los leerás Lucía, te gustarán, son lecturas sencillas y tú como ella eres una mujer sencilla; desde ya siento que disfrutarás poco a poco de mis libros, ese y no otro es el mejor regalo para alguien como yo, que escribo por placer.

Tengo un gran placer de conocerte, la imagen que tengo de ti es la misma que conversando con ella me ha transmitido, tienes tu pelo bien blanco, tu rostro con rasgos definidos y la espalda con la curvatura propia de los que han vivido erguidos muchos años.

 Mañana 10 de marzo es mi cumpleaños, mañana cumplo 78 años, nací un día igual de 1940. Es el primer día del resto de mi vida, te pido Lucía que estas líneas finales de este post que subiré a mi blog, que sigas este pedido al pie de la letra: no cometas nunca el pecado de no ser feliz, no te quejes, ni del tiempo, ni del frío ni del sol, no tenemos ni tú ni yo, ningún derecho para quejarnos. Agradezcamos todos los regalos que hemos recibido. Estemos felices por lo que tenemos y por lo que no tenemos, también por lo que fuimos y por lo que no fuimos. Seamos felices de ser viejos, cualquiera no es viejo, además querida amiga, no es gratis, ya llegamos. Lo mejor de la juventud es que ya pasó hace tiempo y estamos aquí disfrutando de esta etapa nueva y diferente, nadie sabe lo que es ser viejo. Tú y yo lo sabemos bien; te cuento que hace poco soñaba que jugaba con mis compañeros del colegio San Miguel en Piura, corríamos como corren los niños, alegres y brincando por la arena caliente. De pronto el niño que fui se acercó a mí, me miró un rato y sonrió, adiviné en su sonrisa que el estaba orgulloso de mí, que yo seguía siendo el mismo que fui. Que no había traicionado ningún sueño de la infancia, que ese muchachito seguía vivo dentro de mí.

 No sabes el gusto que he tenido de conocerte. Hasta otro día Lucía.

 HBJ. Escribidor sencillo.

 

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015

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