Tres días y noches de estrellas y olas saladas…

19/03/2018
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Mi tripulante, mi esposa y yo, previa revista a bordo, a la voz de zarpe, soltamos la amarra de la boya y pusimos el barco al “pairo”, es decir presentándole la proa al viento – la única y la mejor manera de levantar la vela mayor sin “mayor” esfuerzo y sin que los cabos trabajen demasiado. Luego de “cazar” la mayor, hicimos que el velero cediera al viento y luego de inmediato soltamos la “genovesa”. Buen viento del sur este, un “siroco” de regular intensidad, el bote empezó a “ceñir”, para mí, la mejor navegación. Verificamos el rumbo en el compás, en realidad lo bueno de este viaje es que no teníamos un destino fijo, solo era el deseo inalterable de viajar fuera de las 200 millas del mar territorial peruano y de inmediato retornar al punto de zarpe. Motivo: huir, alejarse, buscar la soledad más salada posible y si el firmamento nos regala estrellas, lunas y sol, nada será mejor.

Ningún propósito de soltar un anzuelo, nadie debería perder la vida, ni siquiera el organismo más pequeño. Solo vida, sin codicia, sin odio, solo soledad sola. 9.5 “nudos” de andar promedio, 72 horas navegando sin parar por turnos de 4 horas. 684 millas totales con “singladuras” de 228 millas por día promedio. Singladura es la cantidad de millas náuticas navegadas en 24 horas.

Cada milla náutica 1,900 metros. La milla terrestre es de 1,600 metros…

Al ver las coordenadas de nuestra situación en el mar, nos dimos cuenta que ya estábamos en aguas internacionales hacían buenas horas, con pena comenzamos a pensar en que debíamos de cambiar el rumbo y retornar. Nos dimos cuenta Cristian y yo que el horizonte estaba tan lejos de nosotros como cuando emprendimos el viaje. Así es: el horizonte siempre estará tan lejos, es inalcanzable. Siempre. Solo es posible imaginarlo. Maravilloso.

En el trayecto divisamos muy lejos de nosotros un barco de transporte muy grande. No vimos nada más.

Vimos lo que vinimos a ver, cielo, mar por donde voltearas la mirada, estrellas, unas muy brillantes y otras que apenas avisan su llegada porque están lejos que aún no llegan. Sol fuerte abrasador reflejando en un mar incoloro y azul por otros largos motivos. La luna, reina definitiva de la noche. Peces saltarines, espuma y olas sobrecogedoras.

Invítense un día, antes de nada.

Cristian va a cubierta en la proa a tomar el “bichero”, herramienta que sirve para tomar la amarra de nuestra boya.

Ya estamos de retorno, se abre así el telón: la función va a empezar.

 HBJ. Escribidor sencillo.

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015