MI VIDA.

20/04/2018
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Mi corazón dio su primer latido sin que yo lo advirtiera en el año 1940 corría el 10 de marzo en las primeras horas de la mañana. Mi madre y mi padre con toda certeza se regocijaron mucho, era el cuarto hijo y único hombre, nací 12 años después de la última de mis 3 hermanas.

Vivíamos en Espíritu Santo, una calle de los Barrios Altos de esa Lima que se fue hace mucho tiempo, se fue, desapareció en formas y maneras.

No recuerdo nada de esos lugares, solo lo que mis padres me contaron.

Mi primer recuerdo fue que era un niño feliz.

“Mis padres me enseñaron a serlo y lo fui de allí en adelante”…

Tengo vivo mi primer recuerdo, sentado yo muy niño, Talvez menos de 5 años, que mi tío Alfredo subía las escaleras de mármol blanco con sombrero y un maletín, era vendedor de una fábrica de zapatos. También está en mi memoria indispuesta al olvido que, con la cara apoyada en las rejas del balcón, veía el carro guinda que venía a visitar a una de mis primas.

De allí, en la calle Animitas en Malambito me recogía el ómnibus de madera del colegio La Recoleta en la Av. Wilson, eran mis primeros meses de educación inicial.

Evaristo y yo nos subíamos a una escalera del patio posterior y mirábamos el recreo del colegio La Inmaculada que estaba donde hoy es la universidad Garcilazo de la Vega en la Colmena. “Pasan los años y yo un niño ajeno a ese transitar del tiempo”.

Muy niño y sin noción de los acontecimientos importantes, tuve un chanchito como mascota, estábamos viviendo en Cajamarca con mis padres y hermanas. Mi papá fue trasladado a la oficina de un banco importante donde trabajaba. Una de mis hermanas, la menor, mayor 12 años que yo, se empeñaba siempre en lavarme las orejas y peinarme.

Cuando Lucha que trabajaba en mi casa, no me encontraba, decía: seguro que tiene una pulga. Y así era, yo me escondía por algún lugar de una casa grande y antigua.

“Salimos un día, todos en ómnibus en viaje hacia Lima para no regresar más” así pasa la vida.

Fue breve el tiempo en Lima y un día con gran pena mi papá fue cambiado a la oficina del banco en Chimbote. Mi mamá lo animó siempre. Íbamos al cine los martes a ver la serial de la invasión de Mongo y las Calaveras del Terror, si no llegaba el carrete de cinta en el ómnibus no había serial. Con 50 centavos entrábamos al cine tres personas y nos comprábamos chancaquitas y membrillos. En la escuelita la Srta. Sarmiento se olvidó de darme una estrellita dorada por haber dado un buen paso oral, esa estrella se pegaba en la frente y uno la llevaba a casa como galardón. “Jamás lo he podido olvidar”. Fue sin duda lo que más recuerdo de nuestro paso por Chimbote, “pero, a pesar de todo seguí siendo un niño feliz”. Y nos fuimos a Lima…

En Lima, Magdalena, esquinas de Inclán y Raymondi y de allí me recogía el ómnibus del colegio Recoleta en mis 6 años de primaria, de lunes a sábado. Jugábamos en la vereda con los otros chicos del barrio, las mamás se turnaban y nos acercaban un jarro de leche con chancays del chino Juan. Jugábamos chanca la lata, rayuela, mundo, a las escondidas y montábamos bicicleta; me convertí en gran jugador de trompos y para las peleas con otros trompos, yo iba sin que nadie lo notara a afilar la púa a la línea del tranvía en la Av. Brasil, ganaba muchas partidas…Recuerdo que cuando veníamos del colegio en el tranvía hacia Magdalena y este estaba muy lleno de gente, parados en los estribos de atrás, había mucho viento y hacíamos campeonato de orinar contra el viento. El asunto era no mojarse los pantalones, ese era el campeón.

Yo era fanático de volar cometa y hacerla con materiales del chino Juan, nos abastecía de pabilo, papel cometa, caña. El engrudo y los trapos de la cola me los hacía mi mamá. Uno de esos días, no sé si mi papá o mi mamá me hablaron por primera vez de un hombre, Jesús, que no hizo otra cosa que invitar a creer y creí. Lo llamé papa lindo, luego Dios y ahora Jesús.

Una noche antes de acostarme mi mamá me dijo, debemos hacer las maletas para viajar a Piura en el norte del país. Pensé para mí, como un repaso de esos días, los juegos, el chino Juan, las cometas, los amigos, La Recoleta.   A las 4 de la mañana salimos a Piura en el Chevrolet nuevo negro del 50 de mi papá. “Iría hasta el fin del mundo con mi papá y mi mamá, me dormí en el asiento trasero”

1950 en la Piura de los burros, los algarrobos y los Seminarios, soleada y calurosa ciudad acogedora y tranquila, vivimos 20 años allí. En ella conocí a la mujer que más amo en mi vida y también en ella perdí a mi padre, a quien amé mucho, un hombre bueno y generoso como los árboles, compañero inseparable de mi madre, esposa maravillosa; se fue al azul a vivir de otra manera junto al Creador de todas las cosas.

Un día de carnaval del año 1661, 14 de febrero, conocí a la que dos años luego, fue y es mi esposa hasta hoy, por allí la escucho caminar, que tiene, no sé, pero han pasado 55 años ya.

Mi padre estuvo en persona con nosotros hasta solo un año después de nuestro matrimonio, el 2 de diciembre de 1964 fuimos al cementerio San Teodoro a depositar sus restos transitorios. Su alma viajó a una casa muy grande y acogedora para su estadía final. No tengo duda que mi padre recibió lo mejor del Creador, premio reservado a los hombres buenos. El no está ausente para nada, vive a nuestro lado siempre.

Tan pronto terminé el colegio en el San Miguel de Piura, viajé a Brasil a la Escuela de Ciencias Médicas, mi deseo era ser neurocirujano, solo estudié 2 años del 57 al 59 y enfermé con epilepsia, el pequeño mal, pero no pude seguir. Mi mamá fue por mí y retorné a Lima, ingresé a San Marcos, las bombas lacrimógenas eran habituales y retorné a Piura ya restablecido.

Un día mi papá me pasó la voz de un trabajo en radio Progreso de Piura, fui su gerente y vendedor, luego también lo fui del Canal 2 de América televisión desde sus inicios.

Así se iniciaron 37 años en la radiodifusión del Perú, llegué a ser gerente general de Radioprogramas del Perú y cambié el año 77 la programación de la radio RPP de radionovelas a Noticias, fue un gran salto.

Se lograron muchas cosas en esos años que terminaron el 18 de setiembre del año 1998 en que decidí retirarme. Fueron años interesantes y me fui satisfecho y feliz de haber hecho un gran trabajo.

Me fui porque empecé a darme cuenta que ya no era muy necesario y eso no debe sentirlo un hombre mayor. Yo tenía ya casi 58 años. “Y seguía siendo feliz tal como mis padres me enseñaron”.

No es fácil conseguir un trabajo de vendedor con esos años encima, tremendo error, yo era y soy un buen vendedor y uno bueno vale una fortuna para una compañía, pero, los tiempos han cambiado y como mi cabeza alberga recursos, me fui al mar y me dediqué a vender yates o embarcaciones de recreo, “yo soy feliz en el mar, los barcos están en el mar y así fui más feliz”.

Durante 20 años continuos bajo las siglas de mis iniciales trabajé como HBJYATES y así vendí 118 embarcaciones. De eso vivimos mi esposa y yo hasta hoy y soy feliz…

Dejé muchos amigos en el trayecto marino, conocí gente muy buena, regular y de la otra.   Unos me cumplieron los compromisos de pago y otros no, pero este mundo es así. En realidad el mundo no lleva culpa alguna.

Hoy escribo y escribo sin parar, tengo 78 años cumplidos, he publicado seis libros cuyos títulos y textos pueden verlos en mi blog de ESCRIBIDORSENCILLO en que ya he subido casi 1,500 post. Solo basta con poner en el buscador HBJBLOG y listo ya está uno dentro de millares de letras que dicen cosas sencillas y simples, pues no sé escribir de otra manera.

Escribo para los que cantan como si nadie pudiera escuchar, para los que bailan como si nadie estuviera mirando, para los que viven como si el cielo estuviera en la tierra, para los que nunca cometieron el pecado de no ser felices.

“Para los que como yo, que siendo un hombre viejo me persigue muy de cerca una enorme ilusión”.

Mantenga su cerebro ilusionado y nunca degenerará…

Un tributo final a mi esposa con quien vivo feliz, un día de finales de diciembre de 1987 me echó de mi casa, me quedé primero en mi oficina y luego en una reunión de Alcohólicos Anónimos me recomendaron una habitación con baño en una casa cercana. Viví allí un año completo y luego retorné a casa. Ya hacía un año en que no volví a beber un solo trago nunca más. AA, es una experiencia maravillosa, se la debo a ella y a mi gran deseo de dejar de beber y sobre todo a vivir de otra manera. A mis compañeros de ese grupo de AA. Sin ellos no hubiera sido posible. Han pasado 30 años y no he bebido, estoy sobrio hoy, nunca hablamos del mañana, solo de hoy. MI nombre de pila y mi teléfono está en el directorio internacional de AA. para usted si cree necesitarlo.

Felices 24 horas, hasta mañana. Permítame una última recomendación: no cometa nunca el pecado de no ser feliz.

Soy Hernán, un hombre promedio.

HBJ…  escribidor sencillo.

 

 

 

 

 

 

 

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015

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