Raro sujeto es el hombre: Nacer no pide, vivir no sabe y morir no quiere…

Un día cualquiera, a una hora inconsulta, sea de noche o de día y sin siquiera escuchar su primer latido, aparece ante un regocijo de varias personas, sin advertir la alegría ni la incertidumbre. Sin darse cuenta de nada, da un grito de llanto libertario asomando a un mundo que no lo espera el ser más indefenso de la creación. Tarda años en valerse por si mismo. ¡Que va!. El uso de la razón ni siquiera se le acerca durante por lo menos diez años y, muchos de ellos, no podemos negarlo, no la llegarán a tener nunca. Pero, el no tiene culpa alguna, no pidió nacer. Lo trajeron, que es otra cosa. Y para colmo de males es posible que el advenimiento haya sido también irresponsable. Tan irresponsable como será el devenir de su vida mucho tiempo en adelante. Mis palabras pueden sonar fatales pero, no lo son para nada. Son la pura verdad. Le pido que se detenga un momento a pensar, y si se puede, relea el texto que ha juntado las palabras con una sintaxis de realidad, y verá que solo expresan la verdad desnuda.

Pero ya está aquí, nació, tiene que vivir, la vida lo manda. Así ha sido siempre dirán muchos, otros no dirán nada. La cruda y gran realidad frente a nuestros ojos: ya está aquí, a vivir se ha dicho. Llega el momento en qué, nos puede asaltar una realidad aún más aterradora; esta indefensa criatura – hombre racional se llamará después – ¿en que manos está?, ¿quien lo ve?, ¿quien lo tiene?, ¿quien lo protege?, serán los que lo trajeron o lo produjeron tan irrresponsables como lo es él, o más, talvez. – Mi pluma camina, corre a capricho, en realidad no es pluma sobre papel, son solo dos dedos índices los que aplastan teclas y juntan letras que luego se dibujan en palabras sobre la pantalla. Cuanto no daría porque fuera una pluma de condor mojada en tinta escribiendo sin control y a capricho sobre un papel color sepia; pero, no es así. Quisiera no escribir tonterías ni majaderías, los que puedan leer estas líneas no merecen eso. Yo lo sé. Por eso mejor me detengo un momento, un rato corto o largo y ordeno mis pensamientos que son más ligeros que mi talento. Sosiego las palabras, tranquilizo los índices y vengo luego. Ustedes son indulgentes para con este escribidor sencillo.

Ya estoy aquí nuevamente, en una de las cosas que más me gusta. Bien, este niño, que ya se asoma a las barandas de la cuna o de la niñez, le pasará un tiempo mucho más largo de lo que acontece con el cangurito que se asoma pronto al filo de la marsupia – bolsa ventral que tiene la mamá canguro para alojar allí a su recién nacido – y decide bajar de ella y explorar ese mundo inmenso que lo rodea. Luego se asusta o se cansa y retorna al seno materno hasta el otro día. Y así ocurrirá varias veces hasta qué, un día, justo un día, encontrará la marsupia cerrada. Casi como un letrero que le dice: Ya no más, estás en el mundo. Sé tu mismo.

Al niño le acontece esto mucho más tarde que al cangurito explorador, incluso hay jóvenes, hombre o mujeres víctimas de una sobre protección que solo le ocaciona dañó, daño irreparable, para vivir luego en este mundo cada vez más extraño y cruel. La madré o los padres les cubren el rostro con una marsupia protectora que solo sirve para hacerles daño, convirtiéndolos en atorrantes, mimados que todo lo quieren, todo lo pueden, con los deseos y los bolsillos llenos de todo y el cráneo lleno de nada…

Ni sabe vivir ni lo prepararon para la vida. ¿Quién lo hace? casi nadie. ¿Quién enseña valores con el propio ejemplo, que son al fin los valores mejor aprendidos? lamentablemente pocos muy pocos. Al poco tiempo este hombre nuevo se va convírtiendo en un joven insultante, avasallador, todo lo compra, todo lo necesita. Necesita hasta lo que no necesita. De eso vive y para eso vive: para tener, de eso se trata la vida según ellos. Se disfrazan de cretinos, vestidos todos iguales, se cuelgan cosas y portan siempre aparatos para estar comunicados, de los bolsillos le salen cordones. Adquieren lo que la prensa escrita o hablada quiere, van al café de moda a tomar lo que todos toman cuando están muy ocupados, son MBA y CEO. Los demás son consultores, de todo, no hay nada que no recomienden ni existe ningún tema sobre lo que no opinen. ¡Ha! me estaba olvidando de los GURÜS esos señores que vienen a dar conferencias, son increíbles, nos visitan cada vez más seguido. No se pierda por favor ninguna una de sus conferencias, dicen un montón de cosas, – tome todas las notas que quiera pero no haga caso de donde debe invertir su dinero o en que moneda ahorrar, porque se quedará sin dinero. No les haga caso por amor de Dios, son los eternos pronosticadores del pasado.

Y el tiempo sigue sin tener en cuenta nada, no existe ningún aparato ni cerebro más democrático que el reloj. Cuenta los minutos para todos igual, pase lo que pase. Así, este hombre y mujer van madurando y se van poniendo mayores, todos ellos los mismos jóvenes de los que hablábamos, se van poniendo viejos. ¡¡No, a mi no!!. Yo quiero tener mucha experiencia, pero, no quiero ser viejo. Y otra vez comienzan los problemas.

Hay un recurso, la cirugía. Esta se inventó para estirar los surcos donde hace tiempo estaban las sonrisas. El resultado es algo fatal: un rictus de lozanía vieja. Se perdieron los gestos agradables, ¡claro! si se calló en manos de un eliminador de gestos, no es otra cosa el cirujano estético. Incluso en el mismo quirófano deberían entregarles un nuevo DNI.

¿A que se vino al mundo en fin? a vivir o a aparentar. Sí, eso es. Se vino a sobrevivir aparentando ser. No a vivir. Pero, si no saben vivir. Son pocos muy pocos. Toman pastillas para todo, todos son vigorosos siempre, eternamente. Mentirosos. Todo tiene su tiempo, eso es lo maravilloso de la vida. Recuerdo una frase de mis padres: hay cosas que se pueden susurrar en la alcoba y otras que se pueden gritar en la azotea. Hoy el hombre y la mujer hacen negocio con los secretos…

Hay tres etapas claras, nacer, vivir y morir. La ecuación resultante es muy simple: Si no se pidíó nacer y tampoco se supo vivir, es hasta lógico pensar que no se quiera morir…

Ninguna de los seres humanos piensa regularmente que vivirá para siempre, hemos visto en estas breves y sencillas líneas anteriores que, casi todo lo serio que aparentemente disfruta el hombre o la mujer son cosas artificiales, no son naturales. Incluso proclamarse ateo o no creyente, o si se quiere agnóstico, es un adorno de los “intelectuales modernos” – entre comillas – tan adorno o superfluo como un celular con internet. Hay algunos ejecutivos que proclaman en las entrevistas que no lo apagan ni para dormir. ¿vaya usted a saber?…

Olvidan muchos, casi todos, que el hombre es inmortal. Tenemos un alma, un soplo vital que nunca perecerá. Cuando se ha vivido de espaldas al espíritu, no se ha vivido. Sobrevivido será, pero no vivido. Se le ha ocurrido preguntarse usted, ¿que busca un hombre que se suicida?, ¿se quita la vida porque quiere morir, o porque quiere vivir de otra manera?… hasta en ese protocolo que se firma con el absurdo, el espíritu está presente. Respondiendo Sócrates a una pregunta de un amigo cercano en sus momentos finales de vida, ¿donde quieres ser enterrado? a lo que él contestó: entierrame donde quieras, yo soy mi alma, y ella es inmortal.

Tipo raro es el hombre.

HBJ. ESCRIBIDOR SENCILLO.

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015

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