Así se apagarán las antorchas del alba.

¿Recuerdan algunos la imagen del asesino de la bicicleta que terminó incinerando el cadáver de una jovencita dentro de un costal blanco junto a un poste de luz a solo 20 metros de su casa? Con un pequeño esfuerzo de agitar su memoria, se subirá a su recuerdo. Yo escribí un artículo que titulé: “La sociedad de los que no están” que está en mi blog de HBJ escribidor sencillo. Hoy, a muy breve tiempo de ese terrible suceso acontece otro peor. Deyvi Ágreda fallece horas después de la decima segunda operación de cirugía reconstructiva. Una joven, simpática, lindo cutis blanco, ojos de color indefinido, una muchacha viviendo sus años nuevos, fue asesinada luego de ser rociado su cuerpo con gasolina y prendido fuego dentro de un ómnibus lleno de gente, por un sujeto joven también al no ceder ella a sus requerimientos y exigencias amorosas.
Escribí en ese artículo anterior que nuestra sociedad está enferma, gravemente enferma. Me pregunto ahora: ¿Cuántos cientos de miles iguales a estos dos asesinos cree usted que hay en el Perú al que hoy amamos todos con fervor futbolero? ¿Había necesidad de que muriera esta última niña y la victima del ciclista? Y una última pregunta, solo una más: ¿Quién es el culpable NO LO SABE USTED?
Este hombre como aquel sr. Alba de la bicicleta, tampoco encontró la puerta de su casa junta o abierta para poder entrar a dormir y descansar luego de tomar cuando niños una sopa caliente. Preguntémonos como fue su juventud, su niñez, su escolaridad. Como fue su madre y su padre, les enseñaron valores, recibieron cariño, acogida, buen ejemplo, estos solo se pueden aprender y quedar en la personalidad si son dados con amor y conducta propia. Estos asesinos de hoy con total seguridad no recibieron de sus padres en su propia casa, durante su vida, ni tiempo ni cariño, ni cuidados. Estos asesinos de hoy no tuvieron maestros, educadores de verdad que les enseñaran reglas que ellos cumplían ni disciplina que ellos mismos como educadores observaban.
¿Qué pasó con ellos? Lo que pasa con todos los que fueron lanzados muy temprano a las cunetas de la vida: ACEQUIAS MUGRIENTAS por donde vagan todos los sin amor, sin calor, sin principios, sin cobijo, sin amigos de verdad. ESAS acequias no son otra cosa que nuestras propias calles de ciudades como LIMA y tantas otras DE NUESTRO AMADO PERÚ QUE DECIMOS TANTO AMAR.
EL HOMBRE Y LA NATURALEZA SON UNO SOLO, INDIVISIBLES LOS DOS. Nuestra naturaleza está agonizando y nosotros como humanos también. A menos qué, desde hoy, ahora, protejamos la amazonia, el mar, dejemos de contaminar el ambiente que respiramos. Sabemos acaso de cuantas vidas esta hecho un árbol, si ni siquiera lo sabe el encargado de los árboles que adornan y hacen vivible la Av. De Osma en Barranco. Esta bestia dijo que esos árboles tienen más de 150 años y que debieron ser talados cuando cumplieron 50 años. Este ignorante y además autoridad edilicia, dice en otras palabras qué, los hombre y las mujeres debieran ser muertos “talados” a las 60 años, no más.
No podemos estar rumbo al desarrollo cuando un niño no ha comido hoy, cuando un juez libera bandas de criminales, cuando un presidente de un país dice que tenemos que resignarnos ante fallos estúpidos como el de la jueza que libera bandas organizadas de criminales. Qué vergüenza Dios mío. Para terminar: ¿Quién tiene la culpa? Seamos honestos… no seamos farsantes. Perú, hay hermanos mucho por hacer cada uno de nosotros. TODOS. Incluso los congresistas, cuya mayoría es una lágrima.
Se avecinan las heladas, esta vez serán muy frías. ¿Hemos hecho acaso un solo galpón para las ovejas, para el ganado en general, para que no mueran como SIEMPRE, para que el hombre viva y no SUPERVIVA?
¡¡Si no cambiamos ahora!!, cambiemos ya, porque si él hombre muere, se apagarán para siempre las antorchas del alba. Sin codicia y si odio volverá a ser el hombre tierno hermano del alba, viñadór de los zumos dorados de la vida, paseante asombrado entre intactas bellezas ofrecidas a cambio de una lenta mirada. Hombres que tengan otra vez una infancia feliz, que el otoño sea dulce para ellos.
Si no lo hacemos ya, a este paso, solo hay un modo en que la tierra que decimos tanto amar, volverá a ser un paraíso. Sí, volverá siempre y cuando el hombre desaparezca de su faz. SIN CODICIA Y SIN ODIO LA TIERRA VOLVERÁ A SER UN PARAÍSO.
HBJ. Escribidor sencillo.

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015

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