Esto lo escribí en diciembre del 2013.

Cuando nací por tercera vez…
por HBJ el 2 Dic, 2013 • 2:10 am
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Tengo un recuerdo claro, nítido, de cuando terminé mi escrito al que puse por título: Cuando nací por segunda vez, y veo al releerlo que al terminar de escribir me despedí porque hacía frío. Sí sentí frío de verdad…precisamente recibí un correo de una amiga muy querida en que me mostraba su extrañeza porque al final decía que sentía frío. Es que dije lo que en ese momento sentí.
7.25 pm. dice mi reloj un Citizen de cuarzo que sigue al tiempo a cada instante. Lo uso en mi brazo derecho, tengo dos relojes, el que me contó la hora fue un regalo de mi hijo menor y el otro del mayor, los cambio cada lunes. Ayer unas cuantas horas despues cambié de página, última del almanaque, mañana será 2 de diciembre, es Cronos que supuestamente gobierna nuestros afanes. La misma fecha en que mi papá hace 49 años se fue al azul a vivir de otra manera. Estoy caminando por el Olivar, dos gatos cruzan el pasto presurosos, el viento está descansando, a mi lado derecho entre yo y el jardín camina mi esposa, es agradable este lugar venimos a menudo, hay momentos en que conversamos de continuo pero no ahora, nuestros pasos son en silencio desde hace un rato largo. Junto a ella son muy gratos los silencios y las conversaciones, la he pasado muy bien a su lado, creo que calladamente ella también podrá decir lo mismo, es lo que siento y con eso me basta. Suficiente, he tenido suficiente, palabra mágica esta suficiente. Sí mágica y rara hoy en día…
Ella rompe el silencio y dice, tenía ganas de caminar – sí, ha sido buena idea le digo. Nos estamos acercando a un grupo de jóvenes que tienen dos perros, uno de ellos negro, el más grande mueve la cola con alegría mirándola, ya cerca mi esposa se inclina hacia el con las palmas de las manos en las rodillas, el animalito juguetea con ella, caricias efusivas y sonrrisas de los dueños. Siento deseos de sentarme y me adelanto a una banca cercana, dirijo mi vista hacia la imagen que hacen mi esposa y el perro negro. De pronto me lleno de algo que se aleja, que se va… Siento la mano tibia de mi esposa sobre mi frente y nada, nada más…
No hay nada luminoso, ni luces blanquísimas, no me es necesario describir nada. Hay claridad, no soy dueño de nada, no existe esa posibilidad. Y talves lo mejor acaba de pasar, creo que no estoy aquí ni de paso ni tampoco de visita, pareciera ser la casa de origen. Quisiera contagiar a toda la gente que amo qué, no me cuenten nunca entre los ausentes, me siento más presente que nunca. Estoy presente, muy presente, lo que pasa es que ya no ocupo ni sitio ni lugar, estoy feliz, soy feliz, séanlo también ustedes. No dejen nunca de ser felices. Todo lo tengo porque nada necesito. Hay un compás diferente que no alcanzo a identificar, es un silencioso sonido que acaricia todos mis movimientos. Siento que todo lo puedo conceder, no lo sé, jamás sentí lo que siento yo ahora. No sé cuanto tiempo pasó, Cronos no reina aquí.
Tengo el recuerdo vivo, pero no se cuando aconteció, recuerdo las palabras de Jesús que me dijo – ¿Haz estado tratando de poder hablar conmigo? – como lo sabes – respondí. – Lo sé, me dijo. – Tenía tantas ganas de decirte unas cosas y ahora que te tengo frente a mí, no se que decir. – No te apures me dijo, tenemos todo el tiempo y además no eres solo tú el que desea hablar, yo también tengo algunas cosas que quisiera decirte. Y Jesús continuó y me dijo que no era necesario que me presentara, sé tu nombre, sé quien eres. Lo miré, y me sonrío con una sonrisa que yo no había visto, su mirada y su sonrisa eran algo especial. La paz y la tranquilidad en una acuarela suprema.
¿Porque me he acordado de como comenzó esa charla poco común?. De pronto me asalta una frase que me dijo al terminar esa charla en el malecón de La Punta, la tengo clarísima, Jesús dijo: Cuídate, no te alejes de mí, ha sido una charla que me gustaría repetir, vendré y te buscaré de improviso, sé que estarás. Dio media vuelta y se alejó…Me quedé con la vista fija en el lugar por donde dobló la esquina; y dije para mí, volverá y charlaremos una vez más.
A diferencia de mis dos nacimientos anteriores, en cada una de las veces sentí nostalgia por el lugar de dejaba, sin quererlo ni pedirlo. dejé primero ese tun tun, tun tun, tun tun que acarició mi vida dentro de ese mundo para mi solo al interior de mi madre, para cambiarlo por ese mundo de los segundos y minutos de nuestra vida terrena, mundo ajeno y a la vez con dueños.
Al instante en que nací por primera vez, el primer tun tun de mi corazón no lo sentí, y cosa curiosa, el último tun tun desde cuando nací por segunda vez tampoco lo sentí…
Dios nos hizo libres y nos dijo que fueramos felices de por sí, cada uno. Que unieramos nuestras felicidades y circunstancias y fueramos felices juntos. La felicidad sin final ha llegado, será latido por latido…
¡¡Nací por tercera vez!!
HBJ.

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015

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