Que más se puede pedir

QUE MÁS SE PUEDE PEDIR?

Sábado y último día del mes de junio, de mañana. Recibo en casa a nuestro amigo Miguel quien me invitó a navegar a La Punta. Solo breves minutos estuvimos en casa y salimos en carro hacia el mar; ¿por donde nos vamos? pregunta Miguel, me apresuro a sugerir la costa verde y por allá enrumbamos. Que lento llega el progreso en nuestro querido país. Los cambios para mejor hay que buscarlos, lo que no ha mejorado salta a la vista. La costa verde es de varios tonos pero no verde, casi nada es verde. Los trabajos inconclusos desde tiempo no solo están paralizados sino más bien abandonados. Casi sin comentarlo con Miguel mi mirada se ausenta hacia el oeste, el mar, peña horadada, la silueta de la mujer dormida – la isla San Lorenzo – aún es tiempo y posición de tratar de ubicar las Palomino y las Cabinzas a pesar de la bruma. El auto se desplaza por el asfalto y esa imagen se disipa. Nuevamente construcciones, barracones, lugares peligrosos que nos arrancan comentarios. Sin más comentarios esta mejor. Se acerca Chucuito con casas de colores, antiguas, de madera, pero de colores y eso es bonito, se ve aseado. La Punta escapa de la basura y el desorden. Miguel dejó el carro en el parqueo del club. La casona del Yacht Club Peruano está bien tenida, no hubo tiempo para entrar a verla, dejo las ganas para otra vez. Al cruzar el patio de la maestranza saludo a tripulantes y trabajadores a los que dejé de ver mucho tiempo. Busqué a Donatto pero no lo ubiqué. Siempre es grato volver a ver y notar que no fui olvidado ni olvidé a estos hombres sencillos.
Al cruzar la vereda del malecón nos enfrentamos al muelle de embarque, antes de cruzar la reja me dio mucha alegría ver a Victor Raúl Contreras, tripulante y trabajador del patio de yates. Gran gusto de verlo, el me regalo hace años un juego de ajedrez hecho por él. Las sorpresas gratas se amotinan, la visita al mar comienza bien. Me acerco a la caseta de admisión de socios, pregunté a la nueva recepcionista por Elsa, está en la oficina de la casona contesta amable la señorita. Mi vista recorre el lugar con nostalgia y el horizonte aparece, allá a lo lejos, debo reconocer que yo tengo un romance con el horizonte, allá voy horizonte, allá vamos. Pretenderé como siempre acercarme a ti una vez más. Un amigo viejo y ahora directivo del Yacht se acerca por el borde del muelle, siempre son amables y gratos nuestros encuentros y charlamos un rato. Miguel me dice que esperamos el llamado de Jorge Cárdenas para pasar por su velero, ya que él lo invitó a almorzar a bordo cuando ya habíamos quedado en venir juntos a dar una vuelta por el mar o por el malecón. Pues estaremos los tres juntos le contestó Jorge y así lo hicimos. Abordamos la lancha de servicio para ir a ver un bote Maxum a motor que está para la venta, a simple vista está bien, solo faltan retoques, Miguel lo tiene a su cuidado y está a la espera de una oferta de compra.
Miguel recibe el llamado de Jorge que nos espera a bordo de su velero, la lancha de servicio nos lleva a darle el encuentro. En el trayecto vemos los yates fondeados, los grandes y costosos yates y los embarcaciones pequeñas y sencillas, el mar las aloja a todas sin reparos y les da a sus dueños exactamente lo mismo sin distingo alguno, son estos los que disfrutan de lo que la mar les da en forma diferente. El mar es siempre neutral, indiferente y salado.
El perfil del velero de Jorge ante nuestra vista, bonito tono de azul en el casco el lanchero acodera suavemente la amura de babor sobre las defensas y subo a la cubierta del barco de Jorge, este nos recibe sonriente y enfundado por el frío de este invierno aún joven. Chalco me extiende la mano por seguridad, no hay balance el mar esta quieto y viento bonancible, navegación tranquila nos espera.
Chalco tiene un hermano, son quietos, callados, limpios, buenos tripulantes con tiempo en el mar. El mar los hace así. El mar moldea a los hombres que viven en el y los adorna con calma, buen acompañante para Jorge. Una rápida mirada a la cubierta del bote, la maniobra ordenada, las velas bien tenidas, la madera reluce y el acero también. No me perdono no saber el nombre del velero de Jorge.
Un buen apretón de manos con el dueño del bote y que grata primera impresión al ver que al saludarnos Jorge te sostiene la mirada – no existe una segunda buena primera impresión – Miguel me ha presentado otro buen amigo para rato.
Jorge indica a Chalco en la proa soltar la amarra al fondeadero, el velero de inmediato cede al viento, con la nave al pairo sube la mayor y luego se desenrolla la genovesa. Que bueno, velas blancas, aseadas y limpias, sus testigos listos, no se le puede faltar el respeto al viento; así como no podemos ir a una fiesta con la camisa sucia. El viento, hermano del mar tiene como mostrar su molestia. Iniciamos así de la mejor manera un viaje hacia la isla luego de más de 5 años. Navega bien este velero, el mar y el viento colaboran, una muy agradable conversación hace lo suyo, yo participé de todo lo que hablábamos los tres sin alejar en lo posible mi vista del este mar inmenso y salado y me di tiempo de recitar lo que escribí en una tablita de madera clara en 1978, 40 años atrás en mi bote “Chubasco”: Dios mío, yo sé que tú moras aquí en medio de esta mar secreta y rotunda. Déjame leer la Rosa de los Vientos, quiero vivir aquí en tu casa bitácoras de sueño. Haz que la mar duerma como un niño pequeño.
Gracias Miguel por este sábado maravilloso, gracias por presentarme a Jorge y gracias a Jorge por el delicioso paseo a bordo de tu velero, como olvidar a Chalco quien hizo posible que disfrutáramos de los elementos, gracias al armador también por las pasas, los chifles, maníes y el delicioso saltado de pollo en un ameno almuerzo en el comedor del velero.

Nadie dirá que algo faltó.

HBJ. Escribidor sencillo.

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015

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