Apuntes sobre mi caminata con Jesús en el malecón el 2012…

Conversar y caminar a la vez era algo que le encantaba a Jesús, me lo dijo al poco rato de que nos encontramos en el malecón de la Mar Brava en el distrito del Callao que se adentra en el mar como una pequeña península. Me decía que las clases deberían ser dictadas por los profesores, caminando. El profesor comunicará mejor y los discípulos también serán más receptivos. Todos miran hacia el frente, prestan atención a lo que el maestro dice o explica y él camina en el centro del grupo, todos ellos en una misma dirección. Un parque o las orillas del mar como en ese lugar, son lugares ideales para comunicarse sin nada que interrumpa y distantes de la algarabía y el bullicio.
Recuerdo que nos sobre paramos por el llamado de una vendedora de caramelos y ante la bolsa abierta Jesús escogió uno de limón, lo recuerdo nítidamente. Recuerdo mucho su rostro, sereno y con los labios y surcos faciales dispuestos siempre a sonreír. Era muy bella su sonrisa, algo muy especial.
Tengo muy claro sus palabras y sus actos en el momento que estuvimos juntos, no fue corto y al final hasta tomamos un café bien caliente.
Mi deseo de no hacer un libro muy largo me hizo abreviar algunas de las cosas que pensé en esa charla de hace casi tres años atrás. A veces me arrepiento y otras no.
Pero algo voy a contar de ese maravilloso acompañante que caminó junto a mí, en esa charla inusual que fue por lo demás el título del libro. Lo que no escribí y le dije allí lo diré ahora, y a todos los que hasta hoy se han perdido de la lectura de mi relato: “Una charla inusual” libro completo que es uno de los hasta hoy 351 post de mi blog escribidor sencillo.
Se los recomiendo sin ninguna falsa modestia.
Este personaje fascinante que caminó junto a mí por casi dos horas, fue y es un tipo espectacular, un hombre al que mataron, no murió, lo mataron por buscar la felicidad de otros.
Se me quedaron en el tintero muchas cosas que me dan vueltas por la memoria, hoy, ahora las dejo en el papel…
Hay algo que en Jesús me llamó la atención siempre: FUE SIEMPRE COHERENTE HASTA EL FINAL.
El contó con la posibilidad de un final violento, no era un ingenuo. Sabía del peligro al que se exponía si continuaba con su actividad anunciado por caminos y pueblos la irrupción del Reino de Dios. Tarde o temprano su vida podría desembocar en la muerte.
Solo cuando Jesús se alejó de los pueblos y aldeas de Galilea y se atrevió a subir hacia Jerusalén luego de casi tres años de pregonar insistentemente la venida del Reino de Dios, es que ÉL se dio cuenta exacta de su poder y de la hostilidad que su personaje generaba.
Era muy peligroso buscar una vida digna y justa para los últimos. Esos eran en verdad los últimos para los poderosos, pero para Jesús eran los primeros.
Era imposible solidarizarse con los últimos como lo hacía Jesús sin sufrir la reacción de los poderosos.
ÉL sabía que tanto Herodes como Pilato tenían poder para darle muerte.
La muerte del Bautista, su amigo querido talvez lo hizo pensar más en serio que una muerte cercana también estaba reservada para ÉL si continuaba con su pregón de cambió y la venida de un imperio de Dios ya muy cercano para todos los hombres de la tierra.
Al saber de la muerte del Bautista, Jesús se retiró solo al desierto, en realidad nada sabemos de cierto sobre esto y que pasó por la mente de Jesús.
No es fácil vivir el día a día teniendo como horizonte un final violento. Pero me pregunto: ¿Qué fue fácil en la vida para Jesús?
Jesús no busco ni el martirio ni el sacrificio, lo único que buscó era el bien de los que están relegados a las cunetas de la vida. Los últimos.
Con ese hombre estuve yo caminando a su lado. La gente que se cruzaba con nosotros pasaba sin advertir nada, era un hombre común, corriente, como todos.
Reparé en su vestimenta, limpia, sencilla, blanca, sin reloj, sin bolsillos. Hasta en un momento pregunto: ¿Qué miras en mí? Y al principio de nuestra charla me dijo: ¿Crees Edmundo? Lo importante es que lo creas…
Ese hombre estaba junto a mí, no es fácil creerlo pero lo creí. Y eso me fortalece.
A Jesús de habría bastado con callarse para evitar su muerte y no insistir en lo que irritaba en el templo o en la casa del prefecto romano.
No lo hizo. Continuó su camino. Prefería morir antes que traicionar la misión para la que se le había escogido.
Hijo fiel a su Padre. Que no era solo aceptar un final violento y aceptar el vivir cada día en medio de enfrentamientos y en un clima de total inseguridad y sobre todo no poder anunciar el Reino de Dios desde una vida tranquila y serena.
Era permanentemente rechazado y descalificado.
¿Cuántas preguntas no pasarían por su cabeza y su conciencia?
Vivir acogiendo con amor a pecadores y excluidos a pesar de tener que pasar por la cruz reservada a los peores, era su misión y la hacía con amor y compasión hasta el día final.
A cuantos de los que conocemos hoy le alcanza algo de coherencia en sus actos y obligaciones. ¿Pregunto?
Más allá de su muerte, el Reino de Dios alcanzará su plenitud y seguramente que Jesús miró a los cielos y sonrió. ¿Por qué no?
Jesús entiende su muerte, como ha entendido siempre su vida, un servicio al Reino de Dios a favor de todos…
A pesar de todo. Ya en sus días finales, Jesús emprende su subida a la ciudad santa, Jerusalén. Donde estaban y vivían los poderosos, los jerarcas, los que lo odiaban.
YO NO VOLVERÁ. QUE PASÓ POR LA MENTE DE Jesús en estos últimos días, entre tres o cuatro, no lo sabremos nunca. ¿Cuántas preguntas se hizo? ¿Cuántas preguntas al Padre?
¿Que oro para sí en los Olivos y en su conversación con el Padre? Y que sintió en los minutos postreros antes del grito final. Gritó por cada uno de nosotros.
Hoy muchos hombre y mujeres lo siguen y creen en Él, muchos otros no creen en Él porque no lo conocen y muchos, muchísimos otros lo buscan pero aún no lo encuentran porque lo buscan donde no está. Espero que pronto un día no lejano las iglesia de Jesús le diga a esos muchos hombre y mujeres, donde y como encontrar a Jesús, pero para que eso suceda, la propia iglesia tiene que voltear la mirada a los ÚLTIMOS, A TODOS LOS QUE ESTÁN RELEGADOS A LAS CUNETAS DE LA VIDA.
Y Jesús sonreirá…
HBJ…

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015

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