Reirse a carcajadas…

Viro el timón de mi barco el Gitano hacia el sur, cincuenta metros a babor veo la araña de fierro que señala los bancos de arena del Camotal a los navegantes. Hay partes aquí que el fondo se reduce a casi 60 centímetros, sólo los botes de poquísimo calado pueden pasar entre la araña y tierra.

Me dirijo a dar una vuelta por Peña Horadada, estas dos formaciones rocosas al sureste de la isla del Frontón a unas 4 y media millas de la costa de Lima, puede verse desde la orilla de La perla en días muy despejados de bruma, ya estoy muy cerca y pongo proa al oeste enfrentándome a la enorme tumbada del mar grande que siempre hay mar adentro de Peña horadada. Cuando estoy en la cima del tumbo miro a los costados y veo el mar como si fuera una inmensa y gigantesca calamina que se pierde en la distancia, luego al descender el tumbo sobrecoge el espectáculo que forma el enorme callejón que forma el tumbo que pasó y el que viene y así sigue la danza interminable.
Vengo hasta aquí cuando puedo y vengo sólo a pensar, que otra cosa puedo hacer ante esta inmensidad que me hace tan pequeño, mi barco y yo somos una cascarita en medio del océano.

Sin perder de vista el mar que viene hacia mi, me pongo a pensar en cuanta vida desperdiciada en buscar y lograr una felicidad que ya se tiene, pero que muchas veces no vemos. La verdadera felicidad consiste en amar lo que tenemos. Cuanta gente habla y pregunta sobre la felicidad, muchos de ellos buscando algo que ya tienen y no alcanzan a reconocer, buscan la felicidad donde no está. La felicidad es un trayecto, no es un destino.

Benditos los que pueden sin falsas posturas reírse a carcajadas de si mismos ya que nunca dejarán de divertirse. Y ser felices. El color del mar es un verde profundo, al menos lo “parece” como lo comentaba en mi anterior libro “Rumbo al Asombro”, cuando conversaba con las gaviotas, el carretero y los lobitos sobre si el mar era realmente azul o lo parecía. Aquí tenemos casi 90 pies de profundidad, 29.80 metros más o menos, como un edificio de 12 pisos, pero para abajo, no tenemos que mirar hacia arriba. Hay aquí soledad, paz y felicidad, a eso vengo, la mar lo espera.

HBJ. BLOG  escribidor sencillo

HERNÁN BALDERRAMA JABALOYA.

Hernán Balderrama Jabaloya , vendedor de yates, más de 18 años representando la venta de los mejores barcos de recreo. Lima-Perú 2015

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